Emprendiendo en directo – Capítulo 3: El Naming

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En el tercer capítulo de la serie hemos llegado a una parte realmente importante para nuestro proyecto: el naming. Nuestra idea necesita un nombre adecuado, por lo que no es una tarea fácil bautizarla. Debemos tener en cuenta que tal y como denominemos el proyecto será como lo presentemos al mercado y, por tanto, como nos reconocerán los futuros clientes. Por eso, el nombre debe ser adecuado, original y fácil de recordar, que consiga generar sentimiento de marca.

Estas son algunas de las razones por las cuales el naming es importante. Por eso, en este capítulo vamos a explicar la importancia que tiene en marketing el darle un nombre a los proyectos así como vamos a hablar sobre el producto que estamos desarrollando y cuál es su nombre.

¿Qué es el naming?

Como su propio nombre indica, el naming es darle un nombre a nuestro producto, idea, servicio o proyecto. Por eso hay que tener en cuenta que, alrededor del 80% del nombre tiene que tener relación con los valores e imagen que se quieren transmitir. Además, también tendrá que estar relacionado con el nicho en el que se va a colocar el proyecto y los medios que se van a utilizar para captar clientes.

En el caso de las pequeñas empresas y de las pymes, la necesidad de que el nombre esté relacionado con el producto que se vende es aún mayor. Bautizar con un nombre abstracto al producto probablemente genere confusión y, por lo tanto, se necesitará de mucha inversión hasta que el mercado identifique y sitúe en su nicho correspondiente a ese producto.

Hay que tener en cuenta muchos detalles pero, en cuanto una idea es bautizada, comienza a tomar forma y convertirse en ese proyecto de emprendimiento que esperamos llegue a ser una gran empresa, rentable y con millones de clientes.

Tipos de nombre para nuestra marca

Dentro de los nombres, podemos encontrar diferentes categorías que definan la función de éste sobre el producto que vamos a lanzar. Los tipos de nombre existentes son los siguientes:

Nombre descriptivo

Es el más recomendable ya que va a ayudar bastante en el márketing de la marca. Con el mero hecho de escuchar el nombre, aunque no se sea una enseña reconocida, el cliente va a poder saber a qué se dedica el proyecto. Ésto es especialmente útil si no se tiene mucho dinero para poder invertir en publicidad al principio. El inconveniente surge si se tiene que pivotar en el futuro. En nuestro caso, si pasamos de una plataforma de facturación online a un repositorio documental, nos toparemos con un inconveniente a tener en cuenta en cuanto al nombre del servicio que ofreceremos.

Acrónimos

Se pueden usar acrónimos a partir de un nombre descriptivo. Por ejemplo, si nuestro proyecto se llamase «Plataforma de Facturación Online», podríamos utilizar como nombre «Plaf-On», por ejemplo. En el mercado también podemos encontrar ejemplos, como es el caso de IBM o UPS entre otras miles de empresas. El principal inconveniente es que, al principio, es un nombre que no dice nada, por lo que será necesaria una ardua labor de posicionamiento de marca para que el público asocie el nombre con la función que desempeña el proyecto.

Nombres abstractos

La gran ventaja de crear un nombre de la nada es que no va a tener connotaciones negativas heredadas. Sin embargo, tampoco positivas. De hecho, al principio, que la idea no va a ser conocida, el público no va a tener una referencia clara a la que acudir para hacerse una idea las funciones del negocio. Por lo tanto, habrá que realizar un gran trabajo de publicidad para situar la marca en el mercado y que se asocie el nombre con el servicio que presta.

Nombres sugerentes

Tienen riesgo, ya que no habría que crear ese negocio sugerente hasta que no tengamos un modelo muy definido. Es más recomendable vincular al producto una experiencia o diferenciación que la marca va a tener sobre las demás. Además, debe tener un significado lo suficientemente común como para que no lleve a equívoco en otras culturas. Así, es común ver cómo la misma marca tiene nombres distintos en diferentes mercados.

Neologismo

Palabras de nueva creación que pueden surgir de diferentes procesos de construcción lingüística. El más común en estos casos es la unión de dos palabras. Movistar podría ser uno de los ejemplos más representativos que existen en el mercado para ejemplificar el naming por neologismo.

Naming evocativo

Se trata de usar una palabra que represente el negocio más una coletilla que lo haga más moderno o apetecible. En el caso de nuestro proyecto, una plataforma de facturación, el nombre podría ser «Facturing».

Naming asociativo

Un nombre que explica qué se hace dentro del producto o servicio. Si existen diferencias culturales en la concepción, habrá que trabajar para que la asociación se produzca correctamente.

Naming

¿Qué características debe tener un buen nombre?

Las características que debe tener un buen nombre para una marca, producto o servicio se pueden resumir en cinco, que son las siguientes:

  • Distintiva: El nombre debe diferenciarse en el mercado. Aunque el proyecto esté compitiendo en el sector con otros agentes, la marca debe hacer que éste sea único y reconocible.
  • Sonoridad: El nombre debe sonar bien al pronunciarlo en voz alta. Tiene que combinar sonoridad y fuerza porque así será más sencillo que cale en el inconsciente del público general. Es importante que no sean ni difíciles de pronunciar o escribir, ya que esta complejidad dificulta que sea recordado.
  • Con capacidad de recuerdo: Precisamente, además de la importancia que tiene la sonoridad, ésta debe facilitar la capacidad de recuerdo del nombre. El objetivo es que quien escuche el nombre, se acuerde.
  • Expresión: Si solo con decir la marca se evoca al producto o servicio, se habrá recorrido la mitad del camino. Habrá que colocar la marca en nuestra vida diaria según vamos hablando del producto y sus características.
  • Apariencia: Resulta fundamental que quede bien la marca escrita, que no sea ni larga ni corta y se la acompañe de un logotipo que la resalte y le dé fuerza. Cuestiones como el estilo del logo o el color del mismo se tornan en fundamentales para poder ser atractivo para el público.

En muchos casos, un cliente se quedará únicamente en la visualización o escucha de nuestra marca. Cuando éste vaya más allá de una mera visualización, el objetivo será que lo que vea, lea y escuche esté en concordancia con lo que se le ofrece.

El registro de la marca

La marca se puede registrar en el territorio en el que se va a operar. Para ello es importante conocer la diferencia entre registrar una marca y tener su dominio. Una vez que tengamos la marca registrada podremos utilizarla en exclusiva, nadie más podrá utilizarla. Es necesario para que, por ejemplo, no haya problemas si alguien utiliza nuestra marca. Además, así la marca también adquirirá el toque distintivo que pretendemos desde un primer momento.

En primer lugar será importante hacer una búsqueda previa para saber si podemos registrar la marca. Si no sabes cómo empezar, hay empresas que se dedican a realizar este proceso de estudio. Y el segundo paso consistirá en buscar ese dominio para que pueda ser utilizado en vuestro ámbito geográfico o en uno más global.

Nota: Si no tenéis el dominio disponible en vuestra disposición geográfica pero podéis registrar la marca, en un momento dado podréis reclamar ese dominio para vuestra marca. Esta es la principal diferencia entre registrar una marca y tener su dominio.

¿Cómo investigar para llevar a cabo un naming adecuado?

Para realizar adecuadamente la investigación que nos permita seleccionar el nombre que más se ajusta a nuestra idea deberemos seguir los siguientes pasos:

  • En primer lugar introduciremos en el buscador de Google: «Oficina de patentes y marcas» y seleccionaremos el primer enlace, que nos debe llevar a la web de la Oficina Española de Patentes y Marcas.

Naming

  • Posteriormente, seleccionaremos la opción «Marcas y nombres comerciales», situado debajo del apartado «Bases de datos».
  • Una vez dentro de la pestaña, se nos abre una página que incluye cuatro pestañas diferentes. La que nos interesa es «Localizador de marcas».

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  • El «Localizador de Marcas» pondrá a nuestra disposición un buscador, en el que introduciremos el nombre sobre el que queremos investigar.

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En base a los resultados obtenidos, se podrá realizar esa criba tan necesaria para seleccionar el nombre definitivo.

Una vez realizados los pasos anteriores toca investigar el dominio en la web del nombre que tenemos en mente. Para ello habrá que realizar la siguiente búsqueda:

  • Buscaremos un registrador de dominios, de todos los que existen en la web. Nosotros en este caso hemos optado por IONOS by 1&1. Nos saldrá la siguiente interfaz.

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  • En el buscador introduciremos el nombre de nuestra marca, seguido, por ejemplo de «.com». Recomendamos probar primero con el dominio más global, que serviría para cualquier mercado. Sin embargo, «.info» o «.net» también valdrían al realizar una búsqueda global. Al buscar para el mercado español, que es en el que nos pretendemos enfocar, a priori, la búsqueda será con «.es».
  • Nosotros vamos a probar con «Factugratis.es». Como podéis observar, el dominio está ya cogido por lo que tendremos que seguir buscando hasta encontrar un nombre para el que haya un dominio disponible. También se puede probar con el mismo nombre pero con dominios distintos.

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Así que recordad la importancia que tiene ponerle un nombre a la idea porque ahí ya comienza a convertirse en un proyecto. Por eso es un paso que recomendamos realizar con un método eficiente y efectivo. En próximos capítulos hablaremos sobre la investigación de los productos de la competencia. Vamos a entrar en cada producto de nuestros competidores, analizando sus características, el nicho de mercado en el que pretenden colocarse y cómo se publicitan. ¡No os lo podéis perder!

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